el conocimiento científico como derecho “social”?

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el aula virtual del cefiec es algo que no termino de entender, pero que me gusta visitar. Ayer encontré este “evento” sin más indicaciones, no hay foro para debatir, tarea propuesta.. ¡nada! o tal vez se dio la consigna en la última clase, a la que no asistí para participar en la marcha nacional educativa aquí en buenos jaires.

Cuestión que se indica este link y nos preguntan, muy retóricamente (porque no encontré el espacio para contestar dentro del aula virtual), si estamos de acuerdo con lo propuesto.

Yo no sé por dónde empezar a criticar, exponiendo alguno de mis puntos de vista y mis posturas políticas, didácticas, humanas, personales. No sé si empezar por lo que publica La Nación, preguntándome qué distancia habrá entre la letra impresa (impresa en mi pantalla, la metáfora me parece bella y orientadora de las lecturas posibles) y lo que esta mujer habrá querido expresar. En fin, me voy a atener a lo que entiendo de la lectura “literal” y no haré valoraciones sobre si la fuente es el diario de marras o Nora Sabelli, la figurita de la nota.

Título y bajada del artículo

La educación científica, ¿un derecho social?

Para Nora Sabelli, es “la entrada al futuro”

  1. La denominación “educación científica” es bastante ambiguo en su enorme amplitud y lo considero algo excesivo para los temas que se mencionan en el artículo. Yo acotaría el concepto a “educación básica en ciencias”.
  2. “derecho social” me parece un concepto bastante restringido para referirse al acceso a una educación de calidad. Sin entrar en una crítica feminista al mismo concepto de “Derechos Humanos”, la clasificación de los mismos en “derechos individuales”, “derechos sociales”, “derechos políticos”, “derechos sexuales”, etc. representa un brutal recorte ideológico que desmembra, tal como el mitológico Procusto, a cualquier sujeto individual o colectivo.
  3. Considero aborrecibles los signos de interrogación en el título, que a mi entender reflejan un cuestionamiento respecto de quiénes detentan y no detentan (o tal vez “merecen/no merecen, como una dádiva”) derechos, sean de la índole que sean.
  4. Pensar la “educación científica” como entrada al futuro reaviva, como mínimo, las antiguas y bastante nefastas argucias (¿argumentos?) del desarrollismo de los años 1960. La ingenuidad con que se piensa en el valor y los alcances de todo lo que reciba la prestigiosa etiqueta de “ciencia” dificulta y ralentiza la reflexión sobre los alcances reales y las finalidades que podría tener, si se materializara más allá de la entelequia discursiva, el acceso masivo a una “cultura científica”.

Este relato continuará, si el ánimo me lo permite. Se aceptan sugerencias, críticas, comentarios, etc.

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